Una aventura
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Una aventura



Os voy a contar una cosa que me pasó este verano. 

Tengo una amiga de toda la vida que es bastante atrevida y aventurera. A veces me llama para salir. 

Este verano me llamó y me dijo: coge el carnet, que nos vamos hasta Francia. Cogimos el tren aquí en Mataró y sacamos el billete de ida y vuelta hasta Figueres, pero no bajamos en Figueres porque decidimos seguir hasta la última estación, ya en Francia, que era el final de trayecto. 

Pero ¡cuál fue nuestra sorpresa! Era una estación fantasmal. No había pueblo, sólo estaba la estación. No había nadie, ni gente, ni pájaros, nada de nada. Nunca vi una estación más grande y más sola. Se llamaba CERBERE. No la olvidaré nunca. Eran las 12 y media. 

Vimos un señor que venía lejos y corrimos a preguntarle dónde estaba el pueblo para ir a comer pero nos dijo que no había pueblo, que estaba muy lejos. Allí no había nada para comprar; había unas máquinas de chocolatinas pero iban con monedas francesas. 

Mi amiga estaba ya desmayada de hambre y se fue a ver si encontraba algo para comer. Vio un castañero y empezó a comer castañas pero eran castañas bordes, que no son buenas para comer y se puso malísima y empezó a vomitar. Yo me asuste mucho. Teníamos que volver pero no había tren de vuelta hasta las 5 de la tarde. 

Esperamos el tren sentadas en una escalera y desesperadas. Cuando llegó, yo subí la primera y resulta que ese tren era el Talgo y cuando pasó el revisor nos dijo que los billetes que teníamos no valían. Nos echó una multa y tuvimos que pagar hasta Barcelona. Llegamos a Mataró a las diez de la noche. 

Ya no he salido más con mi amiga.

Carmen García

Mataró